
II.- EL CIELO DE DANIEL
Aún no había pasado tiempo suficiente en la alcoba donde tanto padeciera Cándida. Sólo había dado vueltas entre sus paredes vacías mientras miraba hacia la bóveda que preside el epicentro del cuarto. En ese mismo instante, quedó decidido que aquel sería mi lugar de trabajo. Al día siguiente comenzaría por comprar una larga mesa y un sillón giratorio, algunas estanterías donde acomodar los muchísimos volúmenes que siempre me acompañan: pero antes debía pintar las paredes de un blanco puro y relajante; la bóveda sería azul, para que cuando la vaya a mirar sea como si el mismísimo cielo se reflejara ante mis ojos.
Decidí también que, dentro de la casa, mi persona se vería techada por ese cielo opalino que me protegería de puertas hacia fuera y me cuidaría adonde quiera que fuese a desplazarme por el pueblo maravilloso de Alhama, y su comarca.
La reforma sería cuestión de varios días. Mientras preparo el lugar aprovecharé algunas tardes para dar largos paseos hacia las afueras. Me gustaría adentrarme por los caminos pedregosos, colinas arriba. Aún no me siento con fuerzas para buscar compañías de vecinos o familiares lejanos. Espero que ellos mismos acudan a mí, no creo que la visión de la casa habitada los deje impávidos. ¿Sentirán, como así espero, la comezón de la curiosidad, y querrán saber quién osa profanar estas paredes olvidadas? Durante mis prodigados paseos, voy bosquejando la estructura de mi novela, incluso ya he decido cómo comenzarla. La idea partió de mi cielo abovedado: “Un cielo limpio y puro bañaba los riscos y caminos del pueblo...”
Estoy feliz porque mis horas de felicidad no son horas de asueto ni desperdicio. Me hallo solo, pero me acompañan mis pensamientos, y mis ideas van aflorando con soltura. Ya tengo las primeras páginas en mente, palabra a palabra enlazadas por el hilo conductor de mi inspiración. Estoy preparado para sentarme ante mi máquina de escribir y darle forma a mis ideas, y plasmar sobre las cuartillas desoladas mi historia jamás contada. Cándida habita ya en mí; mañana mismo comenzará a vivir de nuevo a través de mi pluma.
Espero que mi editor sepa comprender el retraso que llevo en el comienzo de esta novela. Hay veces en las cuales uno desearía que las ideas brotaran veloces y discurrieran por el papel a la velocidad de la luz, pero presiento que este trabajo me llevará más tiempo de lo que acostumbro; por eso, voy robando horas a las madrugadas repletas de sonidos inauditos. Soy un ladrón de silencios...
Madrid quedó atrás para mí, infectada de tráfico abominable y del gentío abarrotando los parques en los días de sol, con ese ruido suyo infernal que abofetea la intimidad de los hogares. No era aquella la mejor manera para concentrarse que debe tener un escritor, es por ello que vine acá: acariciaba -desde hacía tiempo- la idea de vivir en el mismo entorno que mi personaje, para volverme un poco como él, como yo intuía que fue ella, y porque así podría dejarme tomar de su mano fantasmal y llevarme por los caminos sibilinos de tantas páginas aún vacías.
Esta misma mañana me llamó mi editor, muy compungido él: su voz socarrona de siempre me llegó a través del hilo telefónico sin distorsión alguna. “Daniel Soto, espero que tengas algo que contarme”. Y yo le dije, “Que sí, Santiago, que esto ya va tomando forma. Que no te preocupes, que más vale tarde que nunca.”. Entonces me recordó mi contrato con la editorial, intentando resumirme sus cláusulas, pero yo que ya me las conozco de memoria, sólo le contesté: “¡Adiós, Santiago, pronto te llamaré!”. Corté la comunicación sin esperar palabra alguna como respuesta. Daniel Soto ya no es aquel chico que hace diez años deambulaba de editorial en editorial, más cohibido que un ratoncillo de laboratorio; al fin podía darme el lujo de dejar cortada la comunicación a un editor de cierto renombre entre los círculos literarios.
La casa al fin rezuma vida. Durante días me la han estado pintando y adecentando. Los escasos muebles que todavía la vestían habían quedado arruinados por las polillas, pero yo no quiero deshacerme de ellos hasta que no haya intentado restaurarlos. Los subiría al “doblao”, que aquí es una especie de buhardilla de dimensiones parecidas a una habitación en un piso de ciudad, hasta que los fuera desinfectando y reparando [...]
II.- EL CIELO DE DANIEL (Pinchar sobre el título para seguir leyendo el capítulo)
Fotos antiguas del Despacho y Cúpula' del 
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Alicia Rosell © 2004.




































4 comentarios:
Querida Puri:
Leí el capítulo que tu novela que generosamente compartes con nosotros.
Qué bueno que lo haces y qué alegría poder leer una parte de tu obra.
A mí me gustan mucho las historias en donde el protagonista es escritor o en donde se habla de literatura (Rayuela, La noche del Oráculo, Detectives Salvajes...), así que de antemano sé que tu novela la leería gustosa.
Fíjate, tu personaje principal ha comentado algo que vivimos los escritores y es el eterno dilema de cómo repartir el tiempo sin que las partes se sientan afectadas. En mi caso, por ejemplo, yo he sido afortunada porque mi entorno me ha apoyado y no ha protestado, pero eso no siempre sucede así.
Creo que este capítulo es como el esbozo de una novela que realmente puede ser muy lúdica y que promete drama.
Ya tengo muchas ganas de leerla y espero que si no la has terminado, lo hagas pronto.
Un abrazo fuerte,amiga.
Ro
Mi querida amiga Rosa: Te pido disculpas por la tardanza en contestarte.
Bueno, sabemos que ambas andamos enfrascadas en muchas cosas...
Gracias por haberte leído semejante 'chapón' de prosa. Es el capítulo II de una novela espiritista, o algo así...
Y dramática, desde luego, ahí has intuido muy bien al leer el texto.
De momento, se quedó aparcada, es de esas novelas que se maduran con los años, que se construyen paso a paso, como si sólo el tiempo fuera capaz de ir poniendo la trama... Como una obra de teatro que espera ser escenificada por falta de personajes y sólo espera que sea levantado el telón...
Acabaré de escribirla seguramente después que otras que irán primero, aunque siempre será la primera en serio que escribí. Tengo otras dos novelas inéditas y otras varias esbozadas, dos en mente y dos en marcha. ¡Qué horror!
El motivo de que el personaje central sea un escritor -para colmo, desde la visión de un hombre- es el mismo que te motiva a ti a leer novelas con dicho tema. Y es que, querida Ro, ¿quien mejor que un escritor/a para sentir y expresar lo que somos y cómo vivimos la vida?
Por eso, al igual que a ti, me gustan los autores que has mencionado, sobre todo Paul Auster y yo añado al gran Enrique Vila-Matas, te lo recomiendo muchísimo. Espero que en tu país vendan sus libros. Sino, me dices, amiga.
Muchos besos, espero que la tormenta tropical que habéis sufrido en vuestro país haya pasado y que no os haya afectada ni a ti ni a tu familia, Rosa. De veras que sigo las noticias, pero anduve enferma y no pude ni escribir.
Besos grandotes y mi adhesión a tu entrañable isla Dominicana y sus ciudadanos por la catástrofe humana vivida.
Muchos besos de tu amiga,
Puri.
(Alicia)
Hola Alicia. He leído lo que has subido de "El cielo de Daniel". Esa soledad que atenaza a Daniel...la conocemos todos los que escribimos. Felicidades. Un beso.
Juan
Hola, Juan: Me alegra mucho que te hayas paseado por mis Retahílas. Eres muy amable.
Te agradezco tu comentario, y bueno, de veras que me alegra que hayas escogido un capítulo de una de mis novelas... la verdad es que es un capítulo largo y algo 'pesado'... como ves sois dos escritores quienes lo habéis leído. ¡Y me honra!
Daniel Soto, mi protagonista escritor,siente como tú y yo, como todos cualquier escribidor de historias. Yo creo que la 'Soledad' es una palabra y una presencia inescrutable para los escritores, sin ella a solas, sin esa 'Soledad y Silencio' que Marcel Proust reivindicaba, no crearíamos con igual intensidad.
Espero que tu Bitácora vaya 'viento en popa' y que sigas deleitándonos con tus buenos relatos.
Un abrazo,Juan.
Alicia.
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