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MINIBIOGRAFÍA LITERARIA
Retahílas Literarias de Alicia Rosell
Purificación Ávila (Bilbao, 1962) Escritora y Perito mercantil. La autora mantiene contacto con sus lectores mediante las páginas personales: 'Vivir por y para escribir' y 'Retahílas Literarias'. Biografía actualizada en 'El Blog de una escritora'.
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Escrito, editado y publicado por
Alicia Rosell
en
15.10.07
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II.- EL CIELO DE DANIEL
Aún no había pasado tiempo suficiente en la alcoba donde tanto padeciera Cándida. Sólo había dado vueltas entre sus paredes vacías mientras miraba hacia la bóveda que preside el epicentro del cuarto. En ese mismo instante, quedó decidido que aquel sería mi lugar de trabajo. Al día siguiente comenzaría por comprar una larga mesa y un sillón giratorio, algunas estanterías donde acomodar los muchísimos volúmenes que siempre me acompañan: pero antes debía pintar las paredes de un blanco puro y relajante; la bóveda sería azul, para que cuando la vaya a mirar sea como si el mismísimo cielo se reflejara ante mis ojos.
Decidí también que, dentro de la casa, mi persona se vería techada por ese cielo opalino que me protegería de puertas hacia fuera y me cuidaría adonde quiera que fuese a desplazarme por el pueblo maravilloso de Alhama, y su comarca.
La reforma sería cuestión de varios días. Mientras preparo el lugar aprovecharé algunas tardes para dar largos paseos hacia las afueras. Me gustaría adentrarme por los caminos pedregosos, colinas arriba. Aún no me siento con fuerzas para buscar compañías de vecinos o familiares lejanos. Espero que ellos mismos acudan a mí, no creo que la visión de la casa habitada los deje impávidos. ¿Sentirán, como así espero, la comezón de la curiosidad, y querrán saber quién osa profanar estas paredes olvidadas? Durante mis prodigados paseos, voy bosquejando la estructura de mi novela, incluso ya he decido cómo comenzarla. La idea partió de mi cielo abovedado: “Un cielo limpio y puro bañaba los riscos y caminos del pueblo...”
Estoy feliz porque mis horas de felicidad no son horas de asueto ni desperdicio. Me hallo solo, pero me acompañan mis pensamientos, y mis ideas van aflorando con soltura. Ya tengo las primeras páginas en mente, palabra a palabra enlazadas por el hilo conductor de mi inspiración. Estoy preparado para sentarme ante mi máquina de escribir y darle forma a mis ideas, y plasmar sobre las cuartillas desoladas mi historia jamás contada. Cándida habita ya en mí; mañana mismo comenzará a vivir de nuevo a través de mi pluma.
Espero que mi editor sepa comprender el retraso que llevo en el comienzo de esta novela. Hay veces en las cuales uno desearía que las ideas brotaran veloces y discurrieran por el papel a la velocidad de la luz, pero presiento que este trabajo me llevará más tiempo de lo que acostumbro; por eso, voy robando horas a las madrugadas repletas de sonidos inauditos. Soy un ladrón de silencios...
Madrid quedó atrás para mí, infectada de tráfico abominable y del gentío abarrotando los parques en los días de sol, con ese ruido suyo infernal que abofetea la intimidad de los hogares. No era aquella la mejor manera para concentrarse que debe tener un escritor, es por ello que vine acá: acariciaba -desde hacía tiempo- la idea de vivir en el mismo entorno que mi personaje, para volverme un poco como él, como yo intuía que fue ella, y porque así podría dejarme tomar de su mano fantasmal y llevarme por los caminos sibilinos de tantas páginas aún vacías.
Esta misma mañana me llamó mi editor, muy compungido él: su voz socarrona de siempre me llegó a través del hilo telefónico sin distorsión alguna. “Daniel Soto, espero que tengas algo que contarme”. Y yo le dije, “Que sí, Santiago, que esto ya va tomando forma. Que no te preocupes, que más vale tarde que nunca.”. Entonces me recordó mi contrato con la editorial, intentando resumirme sus cláusulas, pero yo que ya me las conozco de memoria, sólo le contesté: “¡Adiós, Santiago, pronto te llamaré!”. Corté la comunicación sin esperar palabra alguna como respuesta. Daniel Soto ya no es aquel chico que hace diez años deambulaba de editorial en editorial, más cohibido que un ratoncillo de laboratorio; al fin podía darme el lujo de dejar cortada la comunicación a un editor de cierto renombre entre los círculos literarios.
La casa al fin rezuma vida. Durante días me la han estado pintando y adecentando. Los escasos muebles que todavía la vestían habían quedado arruinados por las polillas, pero yo no quiero deshacerme de ellos hasta que no haya intentado restaurarlos. Los subiría al “doblao”, que aquí es una especie de buhardilla de dimensiones parecidas a una habitación en un piso de ciudad, hasta que los fuera desinfectando y reparando [...]
II.- EL CIELO DE DANIEL (Pinchar sobre el título para seguir leyendo el capítulo)
Fotos antiguas del Despacho y Cúpula' del 
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Escrito, editado y publicado por
Alicia Rosell
en
12.10.07
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