
Dejará de dolerme el dolor
cuando la paz anide mi alma,
le nazcan alas a la nada
y pueda volar sobre nubes de plata.
Dejarás de morirte en mi
cuando me habites para renacer
le dé nombre a tu espada cruel
y mi cadáver, sobre tu caballo... arrojes.
Dejaremos de vivir en el dolor
cuando la alegría bañe de color ámbar
lo que de rojo tiñas al ensoñarme,
y pueda batir mis alas blancas
bajo un cielo plúmbeo de hojalata.
Dejará de sangrarme la vida
como de llorar, empapada dejaré mi manta.
No estarás para consolarme, ni odiarme.
Tampoco nunca más podrás,
ya nunca jamás... rematarme.

































