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"POR UNA VIDA LLENA DE BUENAS LECTURAS Y MEJORES ESCRITURAS" (Alicia Rosell)


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Alicia Rosell V.

MINIBIOGRAFÍA LITERARIA

Retahílas Literarias de Alicia Rosell

Purificación Ávila (Bilbao, 1962) Escritora y Perito mercantil. La autora mantiene contacto con sus lectores mediante las páginas personales: 'Vivir por y para escribir' y 'Retahílas Literarias'. Biografía actualizada en 'El Blog de una escritora'. XING VER MI PERFIL PROFESIONAL EN XING

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Alicia Rosell
BILBAO, Spain
Alicia Rosell nace en Etxébarri, Bilbao, España, fue bautizada, Purificación Ávila López. Cursa Peritaje Mercantil en la UPV-Bilbao. Mientras sigue estudiando, desarrolla su profesión como escritora. Su primer premio lo obtuvo con quince años. Hoy día, Alicia Rosell es además, agente literario, promotora cultural y periodista independiente. Es pintora por afición, profesión que abandonó por las Letras. En 2008 creó la red de escritores hispanos con los mejores intelectuales, "LA VOZ DE LA PALABRA ESCRITA INTERNACIONAL", plataforma multicultural de Literatura, Periodismo, Comunicaciones y Bellas Artes. Creadora y conductora del programa radial "Hispanorama Literario", así como de la revista homónima. En agosto de 2009 la nombran Miembro de la Mesa Directiva de S.I.P.E.A., México, haciéndose cargo de su presidencia y constitución, y casi a la par, Asesora de Consejo Consultivo Mundial de la U.H.E, Perú. (Sedes en España). Para saber más de su biografía literaria pueden acceder a su web personal y enlaces a otros sites: http://www.aliciarosell.com donde su presencia on line es diaria y atiende a lectores y escritores.
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lunes 13 de abril de 2009

"FRENTE A LA VENTANA"

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FRENTE A LA VENTANA


Estoy ardiendo de amor en loco e inesperado deseo. Ansío tu alma, pero te ansío completo, con tu cuerpo presto a luchar con el mío en ardiente y lujurioso fragor de amorosa batalla.

Quiero arder en el fuego de tu pasión, quemarme contigo y hundidos en las profundas llamaradas del volcán del deseo, de mi cuerpo yermo de caricias, necesitado de tus manos, extrañado de la ausencia de tu cuerpo; de todo tú.

Estoy ardiendo desde las entrañas y se incendian con rubor mis mejillas mientras retozo exhausta tras el expolio al que sometimos a la cama; todo rodó hecho bola de sábanas tibias lanzando al aire el impregnado olor de nuestro deseo: se deslizó hasta el suelo y hasta allá te arrastré... huyendo de ti para que me atraparas, para que te hundieras en la flama de mi virtud vencida, y resbaláramos entre las sábanas precipitándonos al suelo de baldosas frías que nuestros cuerpos calentaron...

Te deseaba con la urgencia de la hembra en celo que apresa al macho; aún te deseo, desde el ahogo de mi alma aferrada a la tuya como en un hilo invisible por donde correrá nuestro pensamiento; para sentirte estremecer todo tú, y susurrar mi nombre en suave ronroneo al oído mientras me recorres, ebrio de locura, con tu boca y tus manos, desde el cabello hasta las puntas de los pies, haciendo de ese camino inexplorado, puro gozo y alegría al sentirnos amantes; sabiéndonos mutuamente amados.

Quiero recobrar la memoria del primer encuentro para reinventarte cada día y sentir el hueco de tu cuerpo desnudo en mi lecho, replegado contra mi cuerpo desolado sin ti, y abandonarme al reclamo de tu alma a través de mi carnal entrega.

Quiero soñarnos rodando por el suelo, enredado todo tú entre mis piernas y mis senos, mi cabello largo tapándome la cara y entrando en tu boca, y tu boca robándome la cordura en cada poro de mi piel que humedeces con tus labios, con tus dientes, con tu lengua. Te miraré a los ojos sin pestañear, perdida en la insondable profundidad de tu mirada, mientras me haces tuya con la furia del amante, y la dulzura del enamorado. Mientras te robas mi deseo a fuerza de embestidas yo te iré revolviendo el cabello y mis dedos se enredarán en tus rizos; con manos firmes acercaré tu cabeza hacia mi vientre maltrecho. Te incitaré a que hundas tu boca en mi ombligo y sepas del sabor de mi piel, del olor de mi carne rosada.

Sudando, arreboladas las mejillas, semidesnudos aún, amándonos sin dejar de mirarnos, sin dejar de tocarnos y desenroscarnos, seguiremos rodando por la cama, por el suelo, tú por mi cuerpo y yo por el tuyo... hasta que mis gritos se apaguen contra tu boca tapando la mía y serenes las convulsiones de mi cuerpo con tu lengua profundizando en mi boca; "lascivia pura sería si no existiera amor"; te lo digo y ríes feliz, desbordada tu sed de mí mientras me tomas con fuerza por la cintura y vuelves a arrastrarme de nuevo contra ti, incendiado todo tú de nuevo, arrebatado en tu propio desenfreno.

Con tu pasión enarbolada rozarás mi vientre, bajarás con tus besos de nuevo hasta el rincón escondido donde te esperará la relajada flor de mi sexo con sus pétalos abiertos, enrojecidos todavía por el calor de tu boca y tu desenfrenado y acompasado movimiento de la primera batalla. La resucitarás si la degustas cuando retorne a ser sólo tímido capullo; mientras me abres cual despliegue de alas de mariposa, mis senos coquetearán y te buscarán, incansables y juguetones, rozándote con mis pezones ya endurecidos, al menor de tus descuidos. Te sorprenderás con tus propios suspiros al saberme enteramente tuya. Hallarás en mi cuerpo tu mejor refugio, y sólo tu cuerpo será mi único escondite: lugar seguro al cual acudiré toda vez que me reclames.

Será buena táctica el juego del leve roce de mi aproximación y distanciamiento para acabar tomando con mis labios encarnados el sabor de tu boca y así, todo tú dentro de mí, te fundirás para volver, de nuevo, mutuamente a enloquecernos. No quedará milímetro de nuestros cuerpos sin palparse en la total sumisión de nuestros cuerpos obedeciendo a nuestras almas.

Divina locura la mía; mientras llovía, frente a mi ventana, te estuve soñando despierta para no sufrir la ausencia de tu corpórea presencia.

Cuando termino de recordar, la lluvia cesa. Es -en ése preciso instante- cuando oigo la llave en la cerradura. Te veo entrar, gallardo y sonriente. Te me acercas para arrebatarme de nuevo la locura con la que me abandonaste al amanecer, después de haber sucumbido ambos al encuentro de nuestros cuerpos.

Ya no me sentiré pájaro enjaulado tras las rejas de mi cárcel de amor. Te mantendré atrapado. El olvido, con la memoria de las largas horas sin ti, al fin, se ha disipado.

¿Fin?


Alicia Rosell © Purificación Ávila ®

Bilbao, 13 enero 2009 - PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL


domingo 12 de abril de 2009

SUCEDIÓ EN DOMINGO (Aprecio sus lecturas: hay 28 comentarios)


"LA HISTORIA DE AMOR MÁS BELLA JAMÁS CONTADA"

"Sucedió en domingo"

"La Felicidad consiste en hacer el bien" (Aristóteles)

Sonó el timbre y la mujer de cabellos largos y oscuros se lanzó a la puerta. Al abrirla se llevó la mano a la boca para ahogar el grito que atenazó su garganta. ¡Era él! El hombre que amaba se hallaba parado bajo el dintel, corpóreo pero irreconocible. Tres días habían bastado para que su ausencia lo demacrara. Mayalen se preguntó dónde habría pasado las últimas horas, pero se limitó a mirarlo y los ojos de ambos se fundieron en un abrazo espiritual. La mujer ahogó el grito entre sollozos y se fundió en un abrazo con quien la trastornó desde el mismo instante en que lo conoció.

-Dios mío, amor, estás hecho un Cristo. -Lo asía y desasía para mejor mesar sus cabellos sudorosos y rodear con la yema de sus dedos las profundas ojeras que ensombrecían sus pómulos. -¿Qué te ha ocurrido? Por Dios, ¿dónde estabas? Tu madre y yo no sabíamos nada de ti...

Lo hizo sentarse en su lugar del sofá, donde el hueco de su cuerpo ya había dejado hoyo de tantas horas pasadas ante el televisor mirando noticias sobre catástrofes, genocidios y aberraciones humanas que lo hacían estremecer ante tanta maldad e ignonimia.

-Josu, amor mío, ¿no puedes hablar? -Le acercó una taza de caldo caliente a los labios. -¡Ten, bebe!

-Sí, sí, me calentará las entrañas, siéntate a mi lado, mujer. Dame también tu calor- atinó a articular entre escalofríos.

Su mirada seguía perdida mientras ella se aseguró que tomara el contenido de la taza. Mayalen reparó en sus manos ensangrentadas mientras sostenía el recipiente y lo llevaba estoicamente a su boca: los estilizados huesos de sus dedos parecían dislocados, tal como lo parecía también su mirada y el rictus torcido que expresaban sus labios escarnecidos.

Mayalen se sentía morir. Era doloroso contemplar su estado físico: se enjugó las lágrimas cuando lo vio asir la taza sin fuerzas en un intento desesperado por no derramar ni una gota de su contenido.

-Josu, ¿qué te ha ocurrido? Te suplico que me contestes. Llevo tres días devanándome los sesos. -Lo miró a los ojos y él no reaccionó ante la ternura de su mirada. -Te fuiste a comprar pan y vino para la cena del viernes y no volviste, ¿recuerdas eso?

-Me secuestraron... Eso... ocurrió. -La miró directamente y ella se vio reflejada en el pozo insondable de sus ojos mientras se extasiaba contemplándole los labios temblorosos.

-¿Cómo ocurrió? No entiendo quien podría querer secuestrarte. Y, ¿para qué?

Josu la miró impávido, indolente, con semblante casi temerario. La hizo temblar con su contestación.

-¿Acaso me crees "nadie", mujer? ¿Ya olvidaste que te saqué del fango, que te brindé mi mano, la llave de mi casa, mi corazón henchido de amor y el cariño de mi madre? -Mayalen no se movió de su lado ante la respuesta hiriente de su amado. Prefirió abrazarlo cuando notó los escalofríos que lo hacían temblar, pues todo su cuerpo era puro témpano de hielo cuando rodeó su cuello.

Él se dejó abrazar, pero no pudo evitar que la taza se le resbalara de entre las manos y acabara por el suelo hecha añicos. Sus maltrechos dedos ya no podían sostenerla. Ni siquiera podía acariciar la mejilla de su amada.

-¿Qué música es esa que suena, mujer mía, mi amiga y hermana? Suena tan triste...

Ella hizo ademán de levantarse para ir a quitarla, pero la retuvo por el codo con un rotundo: "No, no. Deja que suene. Me reconforta. Es como un bálsamo que acaricia mi alma".

Mayalen procedió a limpiar la sangre de su rostro y de sus manos. Cuando le propuso un baño él aceptó, pero le pidió que saliera. Ella no entendió esa actitud. ¿Qué secreto escondía? Había matado a alguien o habían intentado asesinarlo a él, eso parecía obvio.

Decidió quedarse tras la puerta entornada del baño y encontró el ángulo perfecto para contemplar horrorizada su torso ensagrentado, y... ¡Oh, Dios, su espalda apareció surcada por profundas laceraciones! Según iba desnudándose lo veía reflejado en el espejo: todo su cuerpo estaba cubierto de llagas que impedían contemplar la plenitud de su desnudez. No quedaba rastro de aquélla piel morena suya que tanto le embriagaba los sentidos.

-¿Puedo pasar ya? Te voy a enjabonar, mi amor. -El silencio que siguió la desmoralizó, y, pese a todo, entró sin esperar contestación. Él apenas levantó la barbilla de su pecho pero sus ojos se clavaron como dagas en los de ella. Era difícil saber si su mirada era de alegría o tristeza, pero Mayalen prefirió pensar que le pedía que se acercara.

-Enjabóname, pues, mi cielo. Estoy muy sucio.

La mujer de los cabellos azabache comprobó que yacía en la bañera sin haberla llenado de agua. No dijo nada y abrió el grifo. El agua caliente empezó a subir por sus largas piernas, ocultó sus nalgas y se cerró sobre su vientre hundido contra el fondo. Mayalen esbozó una sonrisa de alivio cuando él se dejó invadir por el agua tibia. Había comenzado ya a pasar el jabón por el torso masculino, con delicadeza para no hacerle daño, cuando la sujetó por la muñeca con fuerza inusitada haciendo que la pastilla cayera sobre el agujero de su ombligo.

-No, Mayalen, comienza por mis pies. Como la primera vez, ¿lo recuerdas? Lávame los pies. -No supo de dónde sacó aquélla fuerza pese a estar rematado por graves heridas.

El agua empezaba a calmar su cuerpo dolorido. Un gemido apagado se lo dio a saber. Mientras enjabonaba sus pies hinchados notó que el hombre estaba a punto de caer en el sopor del sueño, propiciado por la extenuación y los masajes de sus manos; volvió a preguntarle por lo sucedido.

Josu la miró con conmiseración y de la misma forma le contestó:

-Andaba arreglando el mundo, mira que soy ingenuo. Estamos como hace dos mil años, Mayalen, como desde que Caín mató a Abel. Los hombres no aprenden. Tengo que salir yo a salvar al mundo -esbozó una mueca dolorosa que precedió a una sonrisa enigmática.

-¿Acaso te crees Dios, Josu? -Mayalen estalló de rabia cuando presintió que el hombre de su vida se había vuelto loco. -¡Me estás asustando! Dime ya qué te ha sucedido. Si hay que llamar a la Policía yo...

-No, mujer insensata. Ya todo está hecho. Ya todo se ha cumplido. ¿No lo entiendes? -Su voz sonó de ultratumba, pero la mujer sólo advirtió con sorpresa que de su piel morena iban desapareciendo los signos del escarnio atroz al que había sido sometido.

-Parecían estigmas, Josu, están desapareciendo de tu cuerpo... Por eso huiste. ¿Te ocultabas porque eres un estigmatizado?

-Mayalen, te amo, no lo olvides nunca. Pase lo que pase nunca lo olvides... -La miraba con tristeza y lejanía: ella intuyó que vagaba por un mundo de sombras, y le pareció otro hombre.

La música reverberaba por toda la casa y Josu cerró los ojos para sentirla dentro de su alma.

-Estoy en el Paraíso, mi amor... Estoy muriendo, o tal vez ya esté muerto.

-Ella se apresuró a meter la mano en el agua todavía tibia y suspiró queda cuando notó el témpano de hielo de su cuerpo bajo el líquido calmante teñido de rojo. ¡No había entrado en calor! Alarmada, quiso correr al teléfono y pedir una ambulancia, pero él la retuvo; esta vez lo logró con una osada propuesta:

-Mujer, no dejes a tu hombre inerte y solo en su lecho. Te quiero a mi lado, báñate conmigo, pues.

No hizo falta decir más. Ella se desnudó con rapidez y se acomodó junto a él. Quería sentirlo cerca aunque su corazón se hubiera helado como seguro habrían de estarlo ya su sangre y su cuerpo entero: ambos eran fuego y hielo entrelazados bajo litros de agua caliente y viscosa.

Mayalen presentía que a su hombre se le iría la vida por el desagüe de la bañera en cuanto quitara el tapón. Tembló y sollozó en silencio sobre su pecho pues temía lo peor.


-Cuánto te amo, mujer. No tengas miedo. No, no maté a nadie, ¿era eso lo que querías oír? Tampoco anduve rescatando mujeres de los burdeles como hice contigo. –Calló con tanta brusquedad que temió que ya no le contara nada más.

-Yo también te amo, Josu. Pero no entiendo lo del secuestro. No tiene sentido: tú no eres rico sino pobre. -La mujer sollozaba sobre su pecho y la sal de sus lágrimas corrió como un río por los huecos de su piel donde comprobó cómo se cauterizaban sus heridas con más premura si cabe que las que sanaron por sí solas sin dejar rastro.

-Llora, está bien, llora. -La acurrucó con dulzura en el hueco de su vientre -Me secuestraron y me apalearon. Me torturaron hasta que creí estar muerto. Pero estoy aquí. He venido a despedirme...

-No, no puedes dejarme, y no vayas a hablarme otra vez del Paraíso ni de la reencarnación. ¡No puedes morirte! -Enloquecía por momentos y comenzó a gritarle: ¡Mírame, Josu! ¡Mírame!- Él estaba ensimismado con la música y no hizo caso de sus gritos. Parecía no escucharla.

-Ya... lo sé: Está sonando 'La Pasión según San Mateo'. Sí, mi amado Bach... -De pronto apuntó con su dedo en dirección al ventanuco por donde entraba ya un haz de luz de Luna para decir: ¿Qué día es hoy?

-Domingo. Es... Domingo de Resurrección, amor mío.

-Cierto... Hoy hace tres días que salí. ¿Lo entiendes ahora, mujer? -Ella lo miró perpleja y descubrió al hombre y al maestro en la Paz que empezaba a transfigurar su bello rostro.

Mayalen empezaba a atar cabos. Quería entender, pero resultaba todo tan increíble que, aunque estaba viviéndolo, le costaba creer; no podía creerlo...

-Mi cielo, ¿lo entiendes? Llevo muchos años sin revivir este momento. Pasó hace tanto tiempo, y a la vez ha sido todo tan rápido. ¡Dios mío! -gritó tan hondamente que Mayalen se cubrió la cara con la mata de su abundante cabello para llorar sin consuelo y aferrarse al cuerpo ahíto de fuerzas del dueño de su vida.

Era él. Siempre había sido él. Llevaban una eternidad juntos y no lo supieron hasta ese preciso instante. Así debía ser y así acontecía: Él era su amor, su señor, su dueño, su maestro y su salvador.

Sus cuerpos empezaron a temblar mientras se vaciaba la bañera. La luz de la Luna bañó sus carnes húmedas y desnudas. Él la abrazaba con fiereza. Ella acariciaba sus labios, sus mejillas y sus ojos entornados; Hasta que una insondable oscuridad los sumió en el Paraíso prometido y se besaron como en un sueño...

Llegaron al Edén. Entraron con las manos enlazadas. Esta vez Él no la había dejado sola para llorarlo por toda la Eternidad. Los dos habían decidido no volver a separarse desde lo que sucedió en domingo: un domingo de Resurrección sin fecha en el calendario.

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"No pretende ser un texto irreverente. Es mi versión, contemporánea y respetuosa -si se quiere- o atemporal -si así gustan- . El AMOR tiene muchas formas. Esta es una más de ellas, y me basé en 'La Historia Más Bella Jamás Contada".


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"Queridos amigos: Están siendo tan generosos conmigo que he hecho un alto en mi descanso para ofrecerles este texto que les dedico en un día tan señalado como hoy. Muchas gracias por venir a buscar mis escritos. La verdadera amistad es la que no pide nada a cambio. Besos y abrazos para todos. Les espero en 'Retahílas Literarias'. (Purificación Ávila)". 14/03/08


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Alicia Rosell © Purificación Ávila, a 6 de abril de 2007.

©Todos los derechos resevados. Prohibida su reproducción.

14/03/09


"No pretende ser un texto irreverente. Es mi versión, contemporánea y respetuosa -si se quiere- o atemporal -si así gustan- . El AMOR tiene muchas formas. Esta es una más de ellas, y me basé en 'La Historia Más Bella Jamás Contada".

Alicia Rosell © Purificación Ávila, a 6 de abril de 2007.


©Todos los derechos resevados. Prohibida su reproducción.
14/03/08


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Espero sus visitas, y lecturas con sumo placer.Cordialmente, les saluda, Alicia Rosell. (P.A.)

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