Amanecí contigo en mis sueños. Desconocido hombre apasionado...
Te
conocí durmiendo. No sé de dónde llegaste, amoroso desconocido, para
enamorarme con tus manos, con tus ojos de picardía y deseo.
Aún
siento el tacto de tus dedos quemándome, la comunión de nuestras bocas,
una con la otra, buscándose, encontrándose, amándose de formas nuevas
en el frenesí de cada instante.
Descubrí tu rostro, tus brazos, tu cuerpo todo cuando al mio te ceñiste y ante tu presencia mis piernas se aflojaron.
Mi sueño te retrató y estás en mi cerebro, fielmente fotografiado. Habré de buscarte por las calles, acaso.
Si
tú ya me hubieras encontrado... Me bastará un solo cruce con tus ojos o
ver tu cara, esos tus únicos e insondables rasgos de hombre duro pero
tierno.
Por cada surco de tu piel, en cada marca, allá donde
comienza tu cabello oscuro y acabe el último rictus de esa tu boca
ladrona donde suspiraron mis ardientes labios... Te reconoceré.
Me
besabas con esos besos de amor que no se olvidan, me cogiste de la
mano, me levantaste en tus brazos para llevarme en volandas. Me
arrastrabas a tu lado y desbordada de locura, yo contigo me iba
alejando.
¿Quien serías? Tú, mi desconocido amor que toda
la noche me has brindado presencia carnal, tú que mi cintura apresaste
entre tus manos para alzarme hasta tu boca ansiosa, hasta mojarte en las
curvas de mis labios ardidos en esta fría noche a solas contigo, y mis
carnes frescas bajo tu calor varonil.
Te presiento. Sé que
estás muy cerca. Me lo dicta el corazón desolado hoy sin tu presencia,
la lujuria que en mi sembraste solo para recoger otro día la cosecha.
Eras
en mi sueño el presagio del amor tocando a mis puertas. Quedan
abiertas. Quien por ellas salió no tendrá cabida cuando tú las traspases
y las cierres tras de ti, quedándonos a solas en nuestra fiesta de
mutua entrega.
Sabré que eres tú por el olor de tu piel y
de tu aliento, por el hambre que desprendan tus ojos, cuando al sentirme
ligera como pluma entre tus largos brazos, trates de fundirme en ti,
contigo y elevarme al éxtasis.
Trastornada tras el sueño
donde te conocí, aquí te espero. Tu rostro y la insolente bravura de tus
ansias de mi son ya prisión para mi febril locura, esa donde solo podré
apagar mi deseo con el encuentro...
En las llamas de tu fuego envolviéndose en las ascuas de mi cuerpo ardiendo... Juntos, nos quemaremos.
"A
tí desconocido que me llegaste en sueños. Si fueras real, si
viviste como yo idéntico sueño, no me ames solo... mientras duermo..."
© Bilbao, 13 enero 21012. Alicia Rosell® Todos los derechos reservados y protegidos bajo la marca Alicia Rosell.



































0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada