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"POR UN AÑO LLENO DE BUENAS LECTURAS Y BUENAS ESCRITURAS" (Alicia Rosell)

MINIBIOGRAFÍA LITERARIA

Retahílas Literarias de Alicia Rosell

Purificación Ávila (Bilbao, 1962) Escritora y Perito mercantil. La autora mantiene contacto con sus lectores mediante las páginas personales: 'Vivir por y para escribir' y 'Retahílas Literarias'. Biografía actualizada en 'El Blog de una escritora'. XING VER MI PERFIL PROFESIONAL EN XING

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BILBAO, Spain
Escritora y editora. Periodista cultural. Creadora fundadora de la plataforma multicultural LA VOZ DE LA PALABRA ESCRITA INTERNACIONAL y del programa radial HISPANORAMA Y LITERARIO y la revista literaria homónima.

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miércoles 29 de noviembre de 2006

"CORAZÓN PEREGRINO" - POEMARIO (Lea y deje su comentario)

"Dedico estos versos a todos los corazones solitarios..."

♥♥
"TÚ Y YO, Y NADA MÁS"


Devuélveme mis ojos, amado,

que prendidos en ti los dejé

como esclavos, remeros

en tus pozos de lágrimas, los olvidé.


Devuélveme mis ojos, amado,

que claman libertad, para ver

tus ojos que saben a sal mojada,

hendidos en los surcos de mi piel.


Devuélveme tu mirada.

Que la mía tuya ya es.

Que no tengo más retina.

Que en tus ojos la olvidé.


Te devuelvo la sonrisa, amado,

que de tu boca desdibujé.

Pinta ahora de colores la mía

que ansía esos tus labios de miel.



Amado, si amada soy, pues ya, ámame.

Yo te amo como te amaba,

aún te amo, y siempre te amaré.

Si amada soy, amado mío,

busca mi aliento en tu mirada hiel.


Sufres porque me amas,

sufres porque no puedes amarme,

porque amarme no debes, sufres.

No sufras tanto pues, ya ámame.

Ámame si deseas dejar de sufrir.


Amor que sólo con dolor se paga

desamor es que no se merece querer.

Yo que no te olvido y aún te amo,

bebiéndome las lágrimas, te doy a saber...


Ámame como yo te amo, amando,

verás que es hermoso el querer.

Verás que tus ojos sonríen.

Que tus labios me miran.

Que tus manos me hablan.

Que tu piel eriza mi piel.

El querer hermoso verás que es.

Como yo te amo, amando, amado...

¡Ámame!

♥♥

♥♥

...Y para ti, estimado lector: Deseo que cuando leas estos versos te veas en ellos reflejado."


©Purificación Ávila (26 noviembre de 2006)


domingo 19 de noviembre de 2006

" PALABRAS DE AMOR"- Extracto Novela (Lea y deje su comentario: Hay 8)




"Contemplando la bravura del mar, creí verte salir tras de las rocas..."


Foto de Bakio: ikusibilbao.es

"PALABRAS DE AMOR"

-Extracto de novela-


"A ti, a esa manera tuya de mirar, a tu sonrisa tan particular, sólo a ti..." ( Dyango ◘ Domenico Modugno)


"Contemplando la bravura del mar, creí verte salir por detrás de las rocas, y por ti desafié al viento. Desencajado tu semblante, ya ante mí, vi cómo se reflejaba mi amor en tu mirada. Las palabras las elevaba el viento y las arrastraba el oleaje. Pero tus ojos se me clavaban como afiladas agujas y no podía dejar de mirarte. El viento revolvía mi cabello y tus palabras me llegaban entre murmullos de olas rompiendo contra las rocas. Te me acercabas con la camisa abierta y los pantalones subidos hasta las pantorrillas. ¿Te escondías, amor? O, ¿Salías a buscarme? Me llamaste por mi nombre y creí que me había vuelto loca. Debía estar soñando: Tú, mi amor imposible, salías del mar de Neptuno y me gritabas palabras de pasión... ¿O de posesión? Las oía, luego no soñaba.

No eras navegante, ni pescador, ni náufrago, ni bañista, ni mago; Eras el amor perdido, mi hombre ensoñado que venías hacia mí, que salías del mar con la furia de un vikingo y me llamabas por mi nombre. Al verte así, calado hasta los huesos, enloquecí de emoción.

Tú y yo, un amor imposible en su final, hollando la arena de la playa, frente a frente, al fin. Soñé que tú me soñabas, como anoche. Ahora, sentía tu aliento en mi nuca, me rodeabas sin tocarme y un escalofrío me recorrió, mezcla de frío de mar con calor de tu cuerpo, y me dejé abrasar al primer roce.

No veía el mar, no sentía el viento, no olía el salitre, pero toqué tu corazón cuando llevaste mi mano con tu mano a tu pecho ardiente. Me arrastraste contigo al infierno de la pasión. Sonaban otras palabras, como notas de canto triunfal: Era mi nombre, que repetías sin cesar. Con sólo cuatro letras mi condena se esfumó. Ya no sentía temor, ya no moriría de pena.

Encontré tu amor ofrecido, allí, refugiada en tu pecho. Y olvidé las noches cuando me dormía pensándote, cuando moría cada día un poco al anochecer y tú eras mi única enfermedad. Adiós al sufrimiento.

Empezaba a sentir tu cuerpo contra el mío, y nos derrumbamos sobre la arena, me hacías el amor con la urgencia sexual del adolescente y la sabiduría del hombre experimentado.

-Yo sin ti me moría, sin ti no sabía vivir y no podía hacer nada para alcanzarte. Eras mi estrella inalcanzable, mujer.

Lloré, me acoplé a su cuerpo haciéndonos uno, y me pidió perdón por los años de dura espera mientras me llevaba más allá del viento, del sueño ambicionado donde siempre estuviste tú, mi amor prohibido. Ahora estabas allí sólo para mí. El mundo ya no tenía límites. El desenfreno de tu pasión me arrastró más allá del profundo deseo y te amé con la dulzura de la joven enamorada por ve
z primera y la mujer que te deseaba hacia una década.

El destino infinito se me abría en las entrañas cuando me arrancaste el primer gemido y me jurabas amor eterno. Te creí, por la furia de tu embestida, por tus caricias suaves pero voraces.

¡Dios, cómo te amo! Al fin podía besar tus labios... Enfrentaría el pecado contra el viento del mar embravecido. ¿Verías mis manos temblorosas? Mi vida era un desierto hasta que apareciste justo cuando yo buscaba el punto por donde hundirme en el mar, pues cansada de esperarte había perdido la ilusión de vivir. Y apareciste de entre las rocas, para ofrecerme tu amor como un río que corre hasta ir a parar a la mar. ¡Dios, cómo te amo!

-¿Cómo sabías que estaba aquí? –alcancé a decirte en el fragor de nuestros cuerpos ensamblados.

Rodábamos por la arena y mi pelo se enmarañaba, se volvía áspero como la estopa, se metía en tu boca, y lo lamías, como lamías todo mi cuerpo. Te comías pelo y arena, y no te quejabas. Me entregaba a ti y desterrabas la tristeza que sufrimos durante años de espera tornándola felicidad. Con cada nueva sacudida tuya contra mis entrañas exorcizabas el pasado para abrirnos a un futuro sólo nuestro.

El ocaso avanzaba mientras culminaba nuestro acto de amor. Era la puesta más hermosa del mundo, con el sol rayano sobre la línea del horizonte que recortaba su disco entre el cielo y el mar. Ya no vería más cielo azul volverse gris, ni la mar se tragaría mi amor enajenado. Estabas conmigo, y no pensaba más en 'el mal partir'. Nuestro final pasaba a ser nuestro principio.

-La vida nos separaba, pero el destino siempre nos ha unido. ¿No te dabas cuenta, mi cielo? –me susurraba con la palabra entrecortada por la extenuación tras la primera batalla amorosa.
-Me has salvado, a esta hora podría estar siendo devorada por los peces y... –me tapó la boca con sus labios para no oírme.
-No se te ocurra hacerme nunca algo así. Soñé que estarías aquí, mi amor. Te sabía perdida por las calles, rumiando tu desesperación por no estar a mi lado. Yo sentía lo mismo y por eso vine aquí, a morir... –Me atrajo todavía con más fuerza contra él para poseerme otra vez-. El destino volvió a unirnos, esta vez frente al mar. No, mi amor, no. Tú me salvaste a mí.

Grité de alegría y como niños lloramos, abrazados con fiereza; sabía que me decía la verdad: La llevaba impresa en la retina. Siempre me había amado cuando yo creía que no. Ya había derramado demasiadas lágrimas a lo largo de los años, quizá tantas como para llenar un océano, y entendí que el mar que nos unía lo había llenado yo misma.

El sol se puso, los colores del paisaje se despintaron, sus besos se quedaron prendidos en mi boca y la huella de sus manos dejó marcada mi piel a fuego. Nos amamos hasta que llegó el amanecer. Y empapados por la lluvia nos despertamos. No era un sueño, suspiré. Yo seguía allí, y él cobijaba mi cuerpo con el suyo de las inclemencias del tiempo. Lloviznaba.

-Soñé que te soñaba, y después del sueño, contigo me despierto –le susurré al oído- Una sonrisa afloró en su rostro de amante satisfecho. Abrió los ojos, triunfante me miró, como si nunca lo hubiera hecho, y entre arrullos y miradas desafiantes se me declaró con ese timbre suyo de voz que podría distinguir entre mil hombres:
-No tengo intenciones de dejarte marchar mientras yo viva. Por cierto, ¿Te he dicho ya que te amo?
-¿Cuánto durará tu amor? -no me contestó porque todavía bostezaba, pero vi que me señalaba nuestra ropa que, arrastrada por la marea, aparecía y desaparecía entre remolinos de espuma y arena.

-Lo que nosotros queramos, mujer mía. Mira la ropa y míranos: estamos desnudos y empapados, solos en mitad de un desierto de arena a los pies del mar. Dime entonces si acaso no te dice esta escena lo que durará nuestro amor.

Reí a carcajadas y mis lágrimas de risa, frío y amor se confundieron a la par que nuestros cuerpos se enredaban de nuevo.

Sentíamos como si alguien nos vigilara desde hacía rato. No estábamos solos en la playa. No lo habíamos estado desde la tarde anterior... Primero reímos ante la osadía del mirón, luego intuimos que si asistió sin recelo a nuestros revolcones, de igual forma nos hubiera dejado morir por el mero placer de mirar.

-Menos mal que no nos suicidamos, menudo 'socorrista' está hecho ese bastardo, y para colmo lleva prismáticos. Te habrá estado observando minuciosamente en plena desnudez, mi cielo-. La rabia se percibía en el tono de voz que usó. Salía a relucir su implacable orgullo, ese mismo ímpetu verbal del que me enamoré.

Mi hombre estaba celoso, por primera vez. Traté de calmarlo y evitar que se levantara para correr tras él. Si lo hubiera hecho, mi cuerpo
desnudo habría quedado vulnerable entre la neblina.

Sonaba una canción cuya melodía nos llegaba lejana y que nos dejó recuerdos de cierto atardecer que acabó bien aunque estuvo destinado a acabar trágicamente.
Al escuchar la letra nos acurrucamos como pajaritos, nos olvidamos del mirón playero y nos dimos mutuo consuelo con caricias, palabras de amor ardientes y besos con sabor a la fruta de la pasión: “Mirando al mar, soñé, que estabas junto a mí, mirando al mar yo no sé qué sentí, que acordándome de ti, lloré.”


¡Dios... Cómo te amo!






©La autora, Purificación Ávila, os dice:
"Amiga, amigo, si no encuentras un amor apasionado, ensuéñalo. No es lo mismo, pero sirve de consuelo. ¿Te consoló leer este texto? ¡Házmelo saber!"
Alicia Rosell ©

viernes 10 de noviembre de 2006

ORGULLO Y PREJUICIO - MI FINAL (Lea y deje su comment: Hay 10)


por Alicia Rosell

Sábado, 9 de setiembre de 2006.

"Dedicado a todos los románticos empedernidos... y a ti, Darcy inalcanzable y encarnado".


"-¿Cómo estás esta noche, querida? -Darcy permanece en pie mientras ella le acaricia la pierna desde el suelo. Pemberley se ve a lo lejos, todas las luces de la mansión se reflejan en el gran lago que posee la propiedad, la noche está en calma y el olor del jardín se intensifica en la oscuridad. Darcy, por fin, se arrodilla ante la mujer que ama esperando una contestación a su pregunta.

-Muy bien, pero preferiría que me no llamaras 'querida'.

-¿Por qué? -la mira sorprendido pues sabe que está a punto de escuchar alguna de esas frases ingeniosas que lo hicieron enamorarse locamente de ella.

-Porque... Así es como llama mi padre a mi madre cuando está enfadado -se sonroja sin dejar que la picardía se camufle bajo uno más de sus gestos.

Darcy, cautivado, la mira y le sigue el juego añadiendo una pregunta tras otra. Con ese orgullo que siempre cautivó a Lizzy, se le ve ponerse serio sin dejar que una sonrisa aflore a sus labios hambrientos de besos para decirle con esa solemnidad que sólo los grandes señores aprestan a sus modales finos no exentos de cierta socarronería:

-¿Que expresiones se me permiten, entonces, querida?

-'Lizzy', para cada día. 'Tesoro mío', para los domingos. 'Diosa divina', pero sólo en ocasiones especiales -Darcy la mira con la sonrisa más pintada en los ojos que en los labios.
Embobado ante la mujer que lo despreció bajo una lluvia demencial y tras un fuerte cruce
de palabras, él sigue rendido a sus encantos.

-¿Y, cómo te llamo cuando esté enfadado? -la mira de reojo, intenta ponerla nerviosa, pero es sabido, y él mejor que nadie la conoce, que ella no se arresta por cosas 'sin importancia'.

-¿Mrs. Darcy?

-¡No, no! Sólo puedes llamarme 'Mrs. Darcy' cuando estés absoluta y perdidamente feliz. -Darcy lanza una ligera carcajada de entusiasmo por tener a su lado a la mujer que lo perturbó de
sde el primer baile.

-¿Y cómo estás esta noche, 'Mrs. Darcy?' -le posa los labios en la frente y deposita un suave beso, 'Mrs. Darcy', susurra de nuevo -baja hacia la mejilla derecha y allí le posa otro beso mientras continúa el susurro- 'Mrs. Darcy'. -La toma de la barbilla y dirige su boca a la punta de su nariz, 'Mrs. Darcy' -escucha de nuevo Lizzy con el corazón acelerado-, y allí recibe otro maravilloso beso de su apuesto caballero.

Pero él continúa regodeándose con la escena, y gira la cara de su amada para besarla ahora en su pómulo izquierdo y pronunciar el meloso 'Mrs. Darcy'. El nombre flota en el aire y acerca su boca al pliegue que tiene bajo sus labios ardorosamente doloridos por la tortura a la que él la está sometiendo- 'Mrs. Darcy'. -El caballero pone fin a su espera y la besa en los labios con pasión, amor, admiración, temor, deseo, sensaciones todas ellas resultado de su felicidad.

Apoyando un pulgar de su mano grande sobre la barbilla de Lizzy intensifica su beso y el último 'Mrs. Darcy' apenas lo farfulla -no puede, ocupado como está en acallar las ansias de ambos- apenas lo escuchan, -afanados como están en disfrutar de sus besos -apenas oyen ni ven nada más allá de su ensimismamiento-.

Foto: "Pemberley", en la película

Ella y él no se lo dirán esa noche, cuando en la semipenumbra de la alcoba dediquen su boca y sus manos a recorrer sus respectivos cuerpos con la ternura y la furia del amor que durante tanto tiempo se negaron. Pero la palabra reverbera en el recuerdo de los amantes. 'Testaruda, querida mía, por esto te amo'; 'Testarudo cabezota, si no es por mí no estaríamos ahora...'

Elizabeth ronronea y cae vencida por la insistencia de sus caricias que le revelan al hombre que ama en todo un despliegue de audacia. '¿Es ese el hombre tímido al que conoció?'

-¿Dónde están ahora tus 'remilgos', Mr. Darcy, ¿ya no temes que te rechace? -acierta a decirle antes que la tome en un arrebato desenfrenado. El sonríe ante su despiadado juego.

-Ahora eres mi esposa, ya no puedes decir que no me amas, me lo dice todo tu cuerpo, Mrs. Darcy, mi Lizzy, tesoro mío, mi Diosa divina. Ya no más rechazos bajo la tormenta empapándonos de lluvia. ¿No prefieres esta otra tormenta, embriagada de amor, mojados por el sudor de nuestros cuerpos batallando? Estoy desarmado ante ti, como siempre, amor. Así, como me dejaste la primera vez que te vi.

-¿Decís 'desarmado', Mr. Darcy? Estás loco si crees que puedes decirme eso y me voy a callar... -ella sabe que su esposo se rinde ante sus frases juguetonas, sus picardías de jovencita ansiosa, y él, trastornado, ya no puede más. No sabe si ser 'despiadado' en el juego amoroso le dará resultado.

-Te amo. Ardientemente. Por favor, te ruego que pongas fin a mi agonía.

-Juraría que esa frase es parecida a tu declaración de amor bajo la tormenta... -Darcy la acalla con premura estrechándola contra su pecho. 'Callarás, Lizzy, vaya si callarás'. 'Sí, será mejor pasar a la acción'.
Así la silenciar
á al fin, por las bravas."


-MI FINAL-





Con todo el respeto hacia la memoria de
Jane Austen y mi rendida admiración a su obra.





Autora: © Purificación Ávila. (Escrito basado en el final alternativo que se dió en Estados Unidos a la versión cinematográfica de 'Orgullo y Prejuicio', de Jane Austen)




martes 7 de noviembre de 2006

DESOLACIÓN (Aprecio sus lecturas y comentarios)

Retrato: Doña Aurita

-DESOLACIÓN-


[...]Como dos extraños, aquí sentados frente al televisor en las noches de tedio. Como dos desconocidos separados por una frontera invisible, por un muro de frialdad que nos dejó petrificados hace muchos años. Te miro y no me miras; dejo de mirarte y no te preguntas por qué declino hacerlo. Vivimos de silencios perpetuos, de horas vacías que llenar con los programas anodinos del televisor.

A veces, intento aproximarme pero tú me rehuyes, aludiendo siempre a mi pestilente halitosis.

-“A ver si vas al dentista, y deja de lanzar tus putrefactos hedores cerca de mi boca...” -Esa misma boca ahora huidiza que en otros tiempos se unió a la mía con insistencia amatoria. Apenas existió algún roce en los últimos meses. Los años nos han ido pasando factura.

Ya no soy la belleza que tú dijiste que era el día en que nos conocimos, quizá entonces también me olía el aliento, pero por entonces tú estabas enamorado... y no te dabas cuenta. El amor es tan ciego, que bien podría ser sordo o no poseer del sentido del olfato. O quizá, te importaba menos con tal de hacerme tuya, con esa premura que dan los años jóvenes a los hombres no iniciados en el arte de amar.

Hablamos lo imprescindible; sobre el tiempo, la comida, los gastos del supermercado, pero nunca sobre nosotros: qué nos estará pasando ni por qué el aburrimiento hace mella en nuestro matrimonio bien avenido.

Tampoco tocamos el tema de la sexualidad, asunto tabú cuando las almas se enfrían... Por las mañanas, apenas me despierto, espero encontrarte en mi cama, pero tú ya has salido de ella y te has afeitado, y acaso lees el periódico. Me esperas para que me levante para desayunar contigo.

-“Venturosa deferencia la tuya” –le miro de soslayo, pero no me oye.

No peleamos, no nos gritamos; los gestos del uno para con el otro son repetitivos hasta la extenuación: las mismas miradas que siempre pasan de largo, con esos mismos ojos, que al principio me comían sin recato, que me desnudaban con la imaginación y me llevaban al éxtasis...

Ya no tengo motivos para sonrojarme, pues ni un piropo brota de tus labios exangües, tu boca sigue siendo tan seductora y me sigue causando los mismos arrebatos que cuando me sedujiste con tu voz melosa. Sólo veía tus delicados rictus labiales enmarcados en esos los galanes rasgos del resto de tu cara. Me enamoré de tu sonrisa, de su carnosidad exuberante, y tú dijiste sentir lo mismo por mí; pero el tiempo ha pasado y debo conformarme con ensoñar para sentirme un poco más feliz. Para que no averigüe mi arraigo fuera de la realidad, el triste y extraño escenario en el que estoy flotando.

Por eso, continúo nuestra historia de amor en mis sueños; Es en ellos donde te hago el amor casi como el primer día, -con un resuello de cansancio tras la batalla de pudor sin desmesura-.

Antes todo lo mío te parecía bien. Hasta hoy. Ya nada es igual: cinco años han bastado para agotar todas las reservas de nuestro deseo mutuo. Te miro y te desconozco; en el espejo nos reflejamos como la pareja desolada que aparentamos. La que era. La que ya no es. La que ya nunca será...

Me ignoras en cada acontecer de tu vida, no me hablas de tus problemas en el trabajo, de tus amigos, o de los proyectos que puedas tener. Yo debo callar, ahogo mi insatisfacción por los años perdidos en la jaula de oro en que se convirtió nuestro nido de amor; no puedo quejarme, ni dar opiniones que te puedan exaltar. Tú mandas, yo sólo acato.

-“Lina, cóseme ya la camisa nueva y lávame el jersey oscuro, que hoy tengo una reunión de trabajo” –otra orden más que sale de su boca.

Yo esperaré, aunque enferma de silencios... tal vez una nueva chispa vuelva a prender en nuestros solitarios corazones. Reconozco que casi no me queden esperanzas. Tan sólo debo aguardar la llegada de la noche.

Soñaré de nuevo contigo, inventaré para mi deleite historias llenas de sensualidad y erotismo a las que entregar mi desolación; tú llenarás esas noches para alimentar el resto de mis días con una espera dolorosa. Mañana, si, al vez mañana te percates que me compré ropa nueva, o quizá sólo me regañes por el gasto estúpido que hice. Cualquier cosa será mejor que morirme sin intentar cautivarte de nuevo.

La noche cae como plomo sobre mí. Quisiera que las sombras del silencio nocturno nos hicieran compartir el mismo sueño, que se nos despertaran los sentidos y se renovara nuestro amor, desnutrido por el paso del tiempo.

Tendré que rescatarte de entre la maraña onírica para que, al amanecer, cuando te busque de nuevo en el lado vacío de nuestra cama, pueda sentir que tus ojos se posaron en mí, que al fin te percataste de mi insulsa existencia.

Mañana volveré a estrenar vestido nuevo [...]



.- 3 de enero de 2005.- Alicia Rosell © Purificación Ávila


viernes 3 de noviembre de 2006

HISTORIAS DE MADRES E HIJOS (Lea y deje su comment: Hay 2)


"Del dolor por el hijo"


" ...Crujía la madera. Como todos
los inviernos gemía sin descanso. El sonido ronco se propagaba como un ritual y acompañaba a los moradores de la casona desde los tiempos de la última guerra.

-Hablan los suelos, madre -le habían dicho siempre sus hijos a Frasca. Ella, aunque poco instruida, les repetía cansina que aquello no era posible.

A Luisa y a José las explicaciones de su madre les sabían a cuentos de Calleja. Los suelos chirriaban a todas horas en un quejido infernal sólo parecido a una vida cuando barrunta la llegada del fin. Muy viejos estaban, pues más de cuarenta años llevaba la casa sin ser remozada. Las paredes se caían a pedazos, la cal se hacia jirones manchando los muebles y el tejado filtraba las lluvias inclementes propias de la región[...]

-Madre, ¿por qué lloran los suelos? -José no se daba por vencido y volvía con sus insidiosas preguntas de muchacho que todo lo quiere saber.

Su madre, agotada ya con tanta pregunta fastidiosa, le soltó un sopapo esa misma noche. Frasca no durmió, pues terribles pesadillas oteaban el horizonte de su insomnio. José lloraría hasta vaciar sus ojos en un vano intento por acallar la rabia. Su hermana fregó los platos enjugándolos con sus lágrimas, sin entender a su madre y compadeciendo a su hermano. "Sólo quiere saber, sólo saber..." Así rumiaba con su propio silencio la infeliz chiquilla.

En una semana, el sol salió de nuevo, templó los campos y florecieron las margaritas. No se volvió a hablar del crujido misterioso de la madera. Una tarde, mientras Luisa leía un libro sentada bajo un sauce, oyó el restañar doloroso de sus ramas. Entonces, creyó entenderlo todo.

-Los suelos hablaban porque son de madera. ¡Fíjate, José, son árboles! -gritaba señalando la frondosidad del sauce y escrutando el rostro impávido de su hermano [...]

El muchacho enmudeció durante días. No quiso volver a oír ni hablar del tema, mucho menos con su madre, siempre exhausta como estaba tras largas jornadas de trabajo como lavandera, otras de planchadora o costurera. Fue Luisa quien, con menos cautela y sin medir las consecuencias, la abordó en una sobremesa viéndola solazada, como pocas veces tenían el gusto.

-José está muy triste, madre, ya sabe Vd. por qué - se lo espetó sin asomo de apuro en el semblante.

-No, no lo sé, pero como sea por culpa de alguna mala pécora se puede ir preparando -lo escupió aunque sabía que su hijo tan sólo tenía quince años.

-Es por los suelos, Vd. le pegó, ¿lo recuerda, madre? -Frasca comenzó un s
ollozo ahíto, entrecerrados los ojos y prietos los labios -No debió hacerlo. Descubrí por qué gimen los suelos -la mujer se recompuso de su llantina y la encaró con el desafío impropio de una madre.

-Haber, sabihonda, ¿qué sabes tú de árboles, madera y todo eso?
Luisa no se anduvo con remilgos y sin amilanarse le lanzó la respuesta en un bramido:

-Lloran porque están muertos en vida, como Vd. madre, desde que nos abandonara padre.


Esa noche José durmió entre los brazos de su madre que lo reconfortaba así de una tristeza de la cual sólo ella era responsable.

-¡Ay, si no te parecieras tanto a él, hijo! ¡Maldito sea tu padre! -Susurró al oído del niño creyendo que dormía.

Aquélla noche, víspera de su cumpleaños, todavía con el recuerdo del dolor de un sopapo, José se hizo mayor de golpe [...]"




©Alicia Rosell -
Extracto de mi recopilación de relatos cortos "Últimas Soledades"

Relato publicado a fecha 26/09/06 en YoEscribo.com-Fundación Cabana

miércoles 1 de noviembre de 2006

RAUDAL DE AMORES (Lea y deje su comment: Hay 2)

¿Desamor o Quimera?
-POESÍA EN PROSA-


Te lo dedico, a ti, que me lees.




"... Miro tu foto y tu rostro me mira, con ese profundo raudal de amores. Veo tu boca y me sabe a dolor, de esos tus besos, que nunca me diste.

De tu frente, donde anida flor
ida mente, tus pensamientos arrancar quisiera pero, tu arrogancia me solivianta. Tus ojos oscuros, de niño chiquito perdido y lloroso entre la gente, parecen dos pozos de ardores, simas de ensueños donde perecen las llamas de tu amor por mí.

Tus labios callan, pero mient
en aunque, tus ojos todo lo quieren. Arráncate esa careta de postizo desamor. Ya no me sirven prebendas. Yo te sé loco por mi, de amor.


Deja tus ojos reposar en los míos, que tus pensamientos fluyan cual manantial... Deja que tu boca exhale un suspiro. Que tu ardor florezca en mis labios. Que tus sentidos se fundan con los míos. Que mis oídos paladeen amorosas palabras para que no se las lleve el olvido.

Deja que tus manos rocen las mías sin ese tu miedo a sentir escalofríos, que mis dedos se confundan con tu piel, que exploren el vasto recorrido de tu pecho tibio... Que tus brazos me acerquen a tu aliento para juntos viajar al paraíso recóndito e inciert
o.


¡Peregrinos de nuestro mutuo gran descubrimiento! Ábrete a este amor que tanto nos niegas y volaremos juntos hacia las estrellas. Como cometas hambrientas de viento..."


por Alicia Rosell:

Amigos, no es una gran poesía, es un grande y hermoso amor fatuo el que inspiró estas líneas que un día fueron, versos. Hoy se vertieron en este espacio mío, pintadas como las palabras que son, y rebosantes de amor apaciguado. Os las regalo.

P. A.


20/11/2002. - Lo único que tengo es tu mirada... (Bolero de Luis Miguel)

Alicia Rosell © Purificación Ávila (Extracto de mi "Corazón Peregrino", poemario)

Mi poesía visual: click para agrandar

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Espero sus visitas, y lecturas con sumo placer.Cordialmente, les saluda, Alicia Rosell. (P.A.)

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