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"POR UNA VIDA LLENA DE BUENAS LECTURAS Y MEJORES ESCRITURAS" (Alicia Rosell)


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Alicia Rosell V.

MINIBIOGRAFÍA LITERARIA

Retahílas Literarias de Alicia Rosell

Purificación Ávila (Bilbao, 1962) Escritora y Perito mercantil. La autora mantiene contacto con sus lectores mediante las páginas personales: 'Vivir por y para escribir' y 'Retahílas Literarias'. Biografía actualizada en 'El Blog de una escritora'. XING Ver el Perfil Profesional de Alicia Rosell

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Alicia Rosell
BILBAO
Escritora, periodista,promotora cultural, perito mercantil. En ocasiones, pintora. He creado y dirijo "LA VOZ DE LA PALABRA ESCRITA INTERNACIONAL", plataforma multicultural y Club Internacional de Literatura, Periodismo, Comunicaciones y Bellas Artes. Creadora y conductora del programa radial "Hispanorama Literario", así como de la Revista del mismo nombre. Para saber más de mi, entrar a mi perfil en XING o a mi página en LA VOZ DE LA PALABRA ESCRITA: http://hispanoramaliterario2.ning.com/profile/AliciaRosell
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jueves 6 de septiembre de 2007

"BAJO EL CERRO DE SAN MIGUEL" (Espero sus lecturas: Hay 4 comentarios)


Luciano Pavarotti cantó a Granada




"BAJO EL CERRO DE SAN MIGUEL"
Relato Finalista I Certamen Literario "28 de febrero" (1985)
Autora: ©Alicia Rosell

ᴥᴥжжᴥᴥжжᴥᴥ

PRIMERA PARTE

Existe un lugar en Granada llamado del 'Sacromonte', donde viven desde los albores de los tiempos, hombres morenos y abigarrados, de bigotes insolentes y patillas largas. Hombres hasta la médula andaluces y flores de la raza calé. Gitanos que moran este barrio de estirpe, de historia conmovida por los siglos que han hecho de Andalucía un lugar de embrujo y ensueño.

Aquí y allá, las cuevas del barrio horadan el monte, lo escalan con afán seductor por querer llegar al cerro de San Miguel, desde donde Granada toma su color del cielo, de la Alhambra y de Sierra Nevada, que la vela en silencio.

Aquí no murmuran arroyos, ni proliferan los matices que embellecen la fortaleza árabe que la desafía desde el otro lado; pero sí anida cierto aire de raigambre, de silencios rotos tras los encalados de sus cármenes y cuevas; donde el cante y el baile hacen temblar la tierra y escapan enigmáticos al aire.

Hasta este barrio llegó un día un apuesto gitano, de semblante dulce y mucha palabra a quien todos dieron en llamar "El Milenguas". Era un día del mes de enero. Granada dormía todavía sus silencios; no se oían los pájaros espolear aún entre las ramas de los árboles; era un día de frío invierno, de fría escarcha, de extraña calma. Dormían los gitanos, calladas sus guitarras junto a ellos, al pié de las hogueras que morían con la escarcha. Cerca de cada cueva, el humillo que delataba el fuego escapaba en un hilo.

Aquí llegó Rafael Arroyo, que era el nombre de "El Milenguas". Lo hizo cantando por medias-granaínas*. ¡Y cómo las cantaba el gitano! Cuando su voz invadía el aire rasgaba los corazones con sus 'quejíos'. Subía la cuesta, a veces pausado, y la mayor parte de las otras, exhausto, pero siempre sin dejar de cantar.

A su paso, mujeronas, niños destartalados y hombres a la sombra del parral aguzaban los oídos y se levantaban admirados para contemplar el paso del gitano más guapo que jamás subió por el Albaycín. Gracia y solera llegaban al barrio y era aquel, don que no abundaba. Porque Rafael enseguida se distinguió de entre todos los demás. Hacía encrespar los sentimientos ajenos; muy pronto, los viejos -apoyados en el cayado roto y la barba hirsuta-, murmuraron entre dientes sobre sus cualidades, y las gitanillas salían a la entrada de sus casas con la cara recién lavada, ligeras de ropa y descalzas. Subía Rafael la cuesta, y atrás quedaban todos los hombres, mujeres, niños y viejos, muertos de envidia en sus puertas; se preguntaban quien sería aquel a quien la garganta y lengua había querido Dios agraciar con voz tan hermosa.

Una mañana se cernió sobre ellos la nube negra del mutismo; 'El Milenguas' callaba y pareció que el sol pensaba dejar de embriagar el Cerro con el calor de sus rayos. Todo parecía volver a ser normal, pero algo había cambiado: se lo decían los viejos de oreja a oreja, y era cosa de no creer, porque nunca antes se había visto tanto corrillo y chismorreo. Alguien le había dado cobijo en su humilde morada. En la cueva de los Mairena no había paredes blancas, ni techos altos, ni hogueras purificadoras. El aire estaba enrarecido, las comidas eran potajes de mucha papa y poca carne, pero Rafael era tan pobre que la cueva le pareció el reino de los cielos.

Cuando caía la tarde, el barrio del Sacromonte se enorgullecía al recibir la visita de granadinos y otras gentes. Rafael bailaba en la cueva de los Mairena al compás de sus cantes; no tenía mejor forma de pagar su sustento que la suerte de poseer buena garganta y unas ágiles piernas. Con su voz y su cuerpo exteriorizaba cuanto sentimiento albergaba en su corazón. Y se llenaba la tarde de largos suspiros, de "olé tu madre", y de "viva la madre que te echó al mundo"; de tantos quejíos, que el Sacromonte parecía un purgatorio donde las almas expiaban sus pecados.

- Esta noche, amigo Milenguas, doble ración de papas p'a ti, y claro, argo que te has ganao, digo, no te vas a quedá con la boca seca y sin un realillo en el chaleco -el mayor de los Mairena se lo había dicho poniendo énfasis en la voz.

- Qué bueno, compadre. Encantás quedarán mi barriga y mi garganta de deleitar tanta vianda y buen vino. -Y Rafael salía de nuevo al centro de la cueva, mientras sus tacones rotos chocaban estrepitosos contra el suelo de piedra.

Así fueron pasando los días, y con ellos las semanas. Atrás quedaban las silenciosas horas de la mañana en que llegó cantando al barrio para despertarlo. Al fin sus gentes lo hacían sentirse uno más de ellos. Todo parecía ir bien hasta que desde Granada al Albaycín, y subiendo el Cerro de San Miguel hasta el Sacromonte, llegó una noticia que nadie esperaba. Se rumoreaba que Rafael 'El Milenguas' había llegado allá huyendo de la justicia. En Cádiz se le acusaba de haber dado muerte a otro gitano tras un enfrentamiento por una mujer. Rafael lo negó una y otra vez, pero nadie sabía si debía creerlo. Decían que sus pícaros ojos escondían raros destellos: quizá ocultaban la mentira o quizá la estela del orgullo malherido.

Cuando el mayor de los Mairena fue propagando por las cuevas que Rafael había engañado a una mujer gitana y que lo sabía de buena fuente, el gitano siempre calló y nunca profirió insultos contra quien le llenaba la barriga y refrescaba la garganta.

Llegó el verano; bajo el sol de agosto, los pájaros huían hacia las sombras, las nubes se escondían tras el sol, y el cielo se cubría de tules azul y plateado, que nunca fueron grises ni negros. Los gitanos dormían la siesta bajo el emparrado; todos menos Rafael conciliaban el sueño; él dejó su jergón de paja y la sombra que lo cobijaba, y salió al sol de agosto, sin más protección que un pañuelo anudado a su cabeza. Sentía deseos de bajar a Granada y encaminó sus pasos por las cuestas del Sacromonte y llegó al Albaycín, y por allí salió al camino del río Darro que lo acompañó con su rumor de aguas hasta el centro de la plaza. Dormían las calles, dormían las flores su silencio aromático tras los enrejados de las ventanas.

Rafael lo miraba todo con ojos de rufián y semblante dulce pero enigmático. Así, mirando sin ver, tropezó con los ojos de una joven paya que sollozaba tras las ventanas de una casa cercana a la Iglesia de San Juan de Dios.

"¡Qué hermosa es la paya!", pensó Rafael. Admiró con cuánta gracia y donaire llevaba claveles prendidos del pelo y cómo en el escote de su vestido lucía alfileres de perlas blancas como nácar que se fundían con el terciopelo de su piel de ángel.

Cuando el joven se acercó a la mujer, vio que recostaba su llanto sobre el enrejado sin percatarse de la presencia del gitano.

- ¡A las buenas tardes, guapa! -le había espetado con salero.

Ella, temerosa y avergonzada por haber sido descubierta en tan íntima situación, asió rauda las hojas de la ventana para cerrarla, pero alguien la detuvo en seco. Sus ojos habían topado con la mirada inexpugnable de Rafael.

- ¿Quien eres tú gitano, para llamar a las puertas de mi corazón a horas en que ni las cancelas de las casas están abiertas? -consiguió balbucear la muchacha pese a estar ensimismada en los ojos de aquel insolente gitano de buen porte y bellas facciones.

"El Milenguas" apoyó su codo en la pared, y de medio lado pudo contemplar el interior de la casa después de repasar la prestancia del vestido de la paya.

- Se me ocurre que no tienes motivos para estar así. ¿No eres feliz con tó lo que tienes, mujé? Dime, ¿cómo te llamas, bella flor?

- María Dolores, bueno, Lola. No soy tan feliz como te pueda parecer, gitano atrevido. Me apena una gran tristeza pues he de casarme con un hombre rico a quien en nada estimo. Se me impone como un deber familiar. Si pudiera huir lo haría al mismísimo confín del mundo. Odio a ese hombre. ¡Es el mismísimo diablo!
Después de aquélla tarde hubo otras siestas de pasarlas junto a la reja y la mujer. Rafael se escapaba sigilosamente como si cometiera un pecado. Tampoco se equivocaba cuando supuso que el sentimiento de irascibilidad que comenzó a notar entre sus vecinos se debía a que todas las mujeres gitanas tenían sus ojos puestos en él. Eran más dueñas de sus movimientos que de los de sus mocosos churumbeles. Todas rivalizaban por posar sus ojos ávidos en Rafael.

Comenzó una guerra sin cuartel entre maridos y esposas, padres e hijas. Ellos se sentían traicionados por sus mujeres y decían sentir una punzada en sus corazones cad
a vez que las miradas de ellas se posaban sobre la persona del gitano. El filo del arma que los martirizaba era pura embriaguez de celos, y parecía estar muy afilado [...]


(Para continuar leyendo pulsa sobre esta frase) o AQUI


Foto superior derecha: El bailarín Mario Maya
©Purificación Ávila©Alicia Rosell. Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción.

A diferencia de la granína, los tercios de la media granaína son más cortos y su melodía algo diferente. Es un cante afiligrado y preciosista que produce más admiración que emoción. La abundancia de melismas proclama su ascendencia oriental más que otras especies de fandangos. el tema central es Granada, sus campiñas, sus tradiciones, su barrio del Albaicín, su Alhambra, etc... No es un cante gitano propiamente dicho, aunque algunos gitanos lo cantan extraordinariamente bien. A diferencia de la malagueña que es un cante minero, la media granaína es un fandango morisco repleto de historias de rebeliones, sobre todo en las Alpujarras.

Se le atribuye su creación a D. Antonio Chacón:

"Si yo te quiero de veras / gitana de Sacromonte / si yo te quiero de veras / se lo puedes preguntar / a la que está en la carrera / la patrona de Graná".


4 comentarios:

Rosa Silverio dijo...

Querida Puri (Alicia):

No siempre el escritor logra hacer creíble lo que está escribiendo y contando, no siempre logra capturar con las palabras la atmósfera que describe, pero en tu caso se da que puedes ir de una temática a otra, de un ambiente a otro, y hacer que el lector te crea, que se transporte a ese lugar, a es época y que se identifique con tus personajes.

Me ha gustado mucho toda la jerga que utilizas, los diálogos son muy buenos y creíbles, también me gusta saber que un día puedo leer una historia tuya de una mujer que va en un tren y al día siguiente de un gitano en una cueva.

Creo que tienes que continuar la historia y no dejarnos con la ansiedad de lo que pasará a continuación, jajajajaj.

Ahora quiero saber qué hará Rafael, si se fugará con la paya, si se irá solo, si acaso otra damisela del pueblo le robará el corazón o mejor aún, si acaso vienen a tomar venganza por lo que hizo este gitano de baile encendido y mirada coqueta.

Abrazotes y te sigo leyendo.

Alicia Rosell dijo...

Hola, amiga: ya me puedes llamar Alicia. Puri se queda en mi carnet, aunque me siga gustando mi nombre, que es el mismo que el de mi amada madre.

Rosa, muchas gracias por tus palabras, donde haces todo un despliegue muy acertado sobre mi forma de escribir. Me doy perfecta cuenta que poco a poco vas conociendo mis diferentes registros y que te gusta esa variedad. No sé si logro hacer creíble cuanto escribo, tú me dices que así es; yo, como autora, prefiero creer en tus palabras y la de otros lectores y alejarme de mi propia obra sin juzgarla. No me atrevo, amiga.

La jerga: menudo problema. No sé qué dirá algún gitano que lea eso... Es medio andaluz, medio caló y medio lengua rural de la España profunda.

Seguiré la historia de 'Insolación en el Andén', no te preocupes. Pero sí, antes publicaré las últimas páginas de este relato ya viejo, aunque corregido y actualizado. Espero que alguien más se atreva a leerlo. Por ahora no parece ser así. Tan sólo tú, amiga mía, acudes como siempre a leerme y a expresar las emociones que experimentas con mis textos. Gracias infinitas por ello.

No te revelo qué pasa con El Milenguas, jajaja, debes esperar un poquito, pero merecerá la pena.

Hasta la próxima entrega, Ro. Besotes.

Alicia Rosell.

Isabel Romana dijo...

Te felicito por el premio y por el propio relato. Comparto el comentario de rosa silverio y su interés por conocer la continuación. Saludos cordiales y hasta pronto.

Alicia Rosell dijo...

Hola, bienvenida de nuevo, Isabel: No sabes el gusto que me da que podamos leerlos y comentarnos.

Muchas gracias por tu visita y, ¡qué bueno que tenemos una amiga en común tan grande como nuestra Ro!

Isabel, admiro tu trabajo y espero que tus 'Mujeres de Roma' salga en libro.

El relato que habéis leído continuará, de hecho lo escribí 'siendo una niña'. Pronto irá la segunda parte.

Nos leemos, Isabes. Un abrazo grande,
Alicia Rosell.

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